jueves, 30 de junio de 2011

Volar

     Me vi con alas de ave para volar. Orgulloso estiré mis nuevos miembros para que todos los admirasen, pero mas que nada porque me apremiaba el deseo de estrenarlos cuanto antes. Me alcé en vuelo alto, pronto y largo. Miraba las pequeñas figuras que había dejado abajo con verdadero y profundo desprecio. Se marcó en mi cara una sonrisa pícara, seguida inmediatamente por una risotada sarcástica que salió de mí tan a propósito como sin querer. En ese instante no tuve problemas.
     Contemplé seriamente la idea de no volver nunca al suelo, después de todo, yo había nacido para esto. Me sentí en casa por primera vez desde que podía hacer memoria. Y casi, casi, entre pares; surcando los cielos rodeado de toda clase de seres tan bien dotados para el vuelo como yo.
     Delicadas mariposas ostentaban sus intrincados patrones laberínticos de todos los colores, las abejas pasaban frente a mi en rauda carrera, terribles cóndores acechaban en lo alto; recortada su figura en el austero sol que nos iluminaba a todos.
     Más alto que helicópteros o aviones, volé sin detenerme entre globos aerostatitos, rascacielos y torres de radio. Todos monumentos inequívocos del afán del resto por conquistar lo que ya es mío: El Cielo.