Eru Ilúvatar es el creador en el universo fantástico de JRR Tolkien. Todos los seres que caminan por la tierra son hijos de Ilúvatar.
sábado, 30 de abril de 2011
Feliz
Feliz. Finalmente era feliz. Cincuenta y cinco años había caminado esta tierra, y por primera vez era feliz. En un movimiento seguro, y con serenidad, levantó su mirada, luego la cabeza. Con la mano derecha extendida sobre la frente, protegiendo sus ojos del penetrante sol y, el entrecejo fruncido; su figura recortada en el horizonte hubiera sostenido mayor parecido con la de un noble general vencedor ante el campo de batalla, o un gran rey admirando su reino; que con la de un simple ingeniero; sin triunfo, sin reino.
jueves, 28 de abril de 2011
de mí
Manifestaciones de mi.
En ellos, en vos.
Reminiscencias de lo que podia tocarse,
Y ya solo se siente.
Aun presente,
Aqui y alla.
Disperso,
Aqui y alla.
Abandonado el cuerpo,
Ya no estoy.
Manifestaciones de mi,
Apariciones de mi.
En ellos, en vos.
Reminiscencias de lo que podia tocarse,
Y ya solo se siente.
Aun presente,
Aqui y alla.
Disperso,
Aqui y alla.
Abandonado el cuerpo,
Ya no estoy.
Manifestaciones de mi,
Apariciones de mi.
colores.
Colores. Manaban de las ventanas como rayos de sol. Haciendo rebalsar la habitación de brillo y luminosidad, los haces de luz exaltaban hasta el ultimo rincón olvidado, llenándolo todo de vida una vez más.
Un masivo rugido superó nuestras voces. Nos dejo moviendo los labios sin aparente resultado. Mientras quedábamos silenciados, el furioso estertor se elevó en potencia y tonalidad; volviéndose un filoso silbido aun mas ensordecedor.
A la par del silbido, las vetas de color que nos envolvían se tornaban más y más cálidas. El ruido se volvía agudo y el color, antes azulado, con tintes violáceos, era ahora rojo, naranja, amarillo. Como nuestras voces, la vista se nos velaba. El resplandor quemaba retina, lastimaba cornea, desviaba mirada.
Antes de saberlo, pues todo lo anterior sucedió en cuestión de segundos, nos encontrábamos en un torbellino indescriptible. No eran imágenes lo que veíamos, ni sonidos lo que escuchábamos. Todo era nuevo, desconocido. De pronto, alguien encontró al duende con su olla de oro.
look at her go
Mirala, mirala andar. Mirala ser, mirala matarme con su sonrisa. Tiñiendolo todo desde un rincon; desbordando la sombra, con luz. Cambiando lo gris en color.
Dejala, dejala que calle. Que no diga nada y su boca blanca se quede muda. Que no pronuncie ni una palabra; nunca ella hablará tan hermosas coplas como las que cantan sus ojos.
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