Mirala, mirala andar. Mirala ser, mirala matarme con su sonrisa. Tiñiendolo todo desde un rincon; desbordando la sombra, con luz. Cambiando lo gris en color.
Dejala, dejala que calle. Que no diga nada y su boca blanca se quede muda. Que no pronuncie ni una palabra; nunca ella hablará tan hermosas coplas como las que cantan sus ojos.